lunes, febrero 02, 2009 0 comentarios

Guerra y Paz, la deformación de la nación

Tuve la oportunidad de ver Guerra y Paz, una película basada en la novela de León Tolstoi, de la cual tengo que decir que a pesar que no es el tipo de películas de mi preferencia, y que en momentos el tema se vuelve tedioso, tal vez por la gran cantidad de contenido (la versión de 1958 es de tres horas y la de 1968 es cada uno de los cuatro capítulos en promedio de 1 hora) es una gran producción, elaborada con unas cantidades exorbitantes de dinero y con un contenido increíblemente cargado de historia, política y modos de vida que nos transportan a un mundo distinto al que a diario vivimos. 

Creo que Guerra y Paz es la viva imagen de la sociedad humana, creo que manifiesta claramente las disfunciones sociales de una época llena de diferencias, de estragos y de conflictos generados, una vez más, por la ambición de la mente humana. La historia muestra en gran parte el imaginario de las sociedades más opulentas del siglo XIX, sociedades con mucho dinero, pero también con muchos problemas, es impactante el nivel de engaño y conflicto social que se vive en la película, en donde el ocio, la violencia, la bebida y los vicios se toman a la sociedad rusa de la época, acostumbrada a los grandes bailes de San Petersburgo. 

Considero que todas las sociedades mundiales, a lo largo de su historia, en tiempo o espacio viven estas grandísimas diferencias sociales, partimos de referencias históricas como Sodoma, y llegamos a nuestra sociedad actual, la cual, muy en mi opinión está profundamente ligada a los hechos que rodean la propia historia de León Tolstoi. 

Somos una sociedad lujuriosa, ociosa, llena de problemas y traumas psicológicos, ansiosas de poder y sin ningún interés nacional, tal cual como en las clases altas rusas se prefería hablar más francés, en las sociedades actuales preferimos otras tradiciones que las autenticas y originales de nuestra tierra, siempre estaremos hablando otro idioma porque muchas veces, es esta cultura y tradición la que se ve socavada por el tiempo, las generaciones, la guerra y la violencia. 

En la película, aquellos intelectuales acaudalados, tenían como único pasatiempo, vivir en bailes, y codearse con las grandes familias francesas. Son estos, los mismos intelectuales corruptos y bebedores que festejan frente a las calamidades de su pueblo y arman guerras, por supuesto, con tres tragos de vodka en sus panzas. 

¿Algo parecido a nuestra realidad? Tal vez, estamos acostumbrados a la corrupción, a la indiferencia y al abuso del poder, como siempre, impulsado por intereses meramente personales, siempre hemos sido seres humanos que buscan incentivos, seres humanos que vivimos con continuas necesidades, y que cada día creamos una nueva, sentimos que son estas necesidades, ociosas y malintencionadas, el único camino para llegar a la felicidad o la profunda tristeza, claramente buscamos cualquier forma para suplirlas. 

Así que decidimos impulsar guerras, matar inocentes y crear disputas por aquello de lo cual creemos tener la verdad absoluta, Rusia sabia que a pesar que su pueblo no quería hacerlo, iban a pelear contra Francia, buscando una paz anhelada que no empezaba con la guerra, sino que empezaba con la tolerancia entre Prusia y las demás naciones europeas. 

Así somos, y así lo muestra la película, seis mil millones de personas acostumbrados al interés propio, a la mera intencionalidad de suplir lo que yo considero como necesario, en último lugar, dejamos las necesidades reales, no de una sola persona, sino de toda una raza, toda una sociedad.

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