Imágen tomada de: http://www.elseptimoarte.net/carteles/el_nino_con_el_pijama_de_rayas.jpg
Una película impactante. Sin lugar a dudas, nos cambia la visión que teníamos sobre la guerra, ya mucho nos han hablado de Auschwitz, Bergen-Belsen, Hitler, nazis, violencia y en fin todas las atrocidades provocadas en Europa a mediados del siglo XX, todo el sufrimiento que puede causar, y el dramático significado que puede tener la pijama a rayas en los corazones de millones de seres humanos, asesinados brutalmente en un periodo en el que pareciera que el mal, hubiese ganado.
Cuando vi El Niño con el Pijama de Rayas, de repente todo lo que significaba para mí la II Guerra Mundial, desapareció, comencé a ver a la Alemania nazi, no como un victimario, sino como parte fundamental de un conflicto, causado tal vez por las circunstancias, tal vez por alguna mente retorcida o tal vez por una nación indiferente, comencé a ver a Alemania, representada en Bruno, comencé a ver la inocencia de la guerra.
Podría identificarla como una inocencia adquirida por la ignorancia, fundamentada por el desconocimiento y basada en la deformación de la verdad. Claramente, los crímenes que hoy reconocemos como obra del pueblo alemán entre 1939 y 1945, no fueron exactamente creados con la aprobación de todos aquellos que vivieron en esta época, tal como lo muestra la película, eran muchas, las personas que no sabían de la existencia de los campos de concentración. Basado en mentiras mediáticas, se convertía, uno de los hechos más trágicos en la historia, en una evidente manipulación de poder.
Para mí, es inevitable pensar en mi país, como un vivo reflejo de estas situaciones, es increíble la cercanía de las circunstancias, el manejo de la verdad, y las ambiciones de los más poderosos, todo en búsqueda de la supremacía, con ese deseo natural de la competencia, de la victoria del uno y la derrota del otro. Tal como en Alemania muchos de sus ciudadanos no conocían la verdadera cara de la guerra, en Colombia, tampoco sabemos las implicaciones de nuestro conflicto, estamos envueltos en una gran manipulación por cuenta de los medios de comunicación, exactamente igual al vídeo que veía Bruno, donde los campos de concentración parecían tal como el niño mencionaba “so nice”.
La película es una ventana abierta a la sensibilidad, mostró la crudeza de la justicia divina y el sufrimiento de los inocentes a manos de los que ratifican la violencia como herramienta de juicio, me podría enfatizar en las escenas que mas me impresionaron, como el momento en el que la mamá de Bruno descubrió que el aire que respiraba, contenía los cuerpos de inocentes incinerados, fue muy impactante ver el cambio de una mujer hermosa, muy maquillada, y visualmente “feliz” a una mujer deprimida, encadenada a la impotencia, cargando el dolor de la guerra, esa misma guerra que ella alguna vez e inocentemente, apoyo.
Creo que esta mujer, interpretada por Vera Farmiga, tuvo una carga emocional impresionante, ver a su hija convertirse en toda una partidaria de esta matanza y a su esposo promoverla y perpetuarla, le provoco un profundo daño, pero tal vez no tan grande como el dolor de perder a Bruno, su hijo, en medio de la insensatez y la intolerancia, allí, tirada junto a las ropas del “littlemen”, bajo la lluvia, sin verlo morir, pero consciente que alguna fuerza implacable, se lo había arrebatado de sus manos.
Es triste saber que depende, en gran parte, el futuro de nuestra humanidad no de los niños (porque si así fuera, seríamos absolutamente felices) sino de los adultos, de aquellos adultos que se encargan de impartir educación, que enseñan modos de vida, concepciones y toda una filosofía que cambia la mentalidad de los niños, era claro ver “la escuela con bicicleta vieja” llegar a la casa de la familia, a impartir esa educación a dos pequeños que inocentemente la creían como indicada y pertinente, me pregunto, Gretel a sus 12 años, ¿habría entendido qué significaba el campo de concentración?, ¿conocía del sufrimiento y el terrible holocausto que se podía ver desde la ventana del cuarto de Bruno?, cuán importante es la educación en nuestras sociedades, y qué tanto puede marcar un maestro nuestras vidas, cambiar nuestra visión, construirla o deformarla.
Creo que siempre necesitaremos, un Bruno, un explorador que se aventure a los caminos inimaginables, que busque la verdad, que indague y que encuentre lo bueno de su enemigo, necesitaremos siempre buenos exploradores, necesitaremos serlo, porque tal vez la verdad depende exclusivamente de ello, sabemos que Bruno murió, pero muy en fondo también sabemos que lo hizo como el mejor explorador del mundo, el único, que encontró un “judío bueno”.
No podría terminar, sin hablar del padre de Bruno, interpretado por David Thewlis, un hombre totalmente insensible frente a las atrocidades que se cometían, a veces me preguntaba si era impotencia o si era indolencia, protegía un secreto que llevo a la muerte a su hijo, este hombre se convertía en un monstruo macabro y negligente, pero cuando entraba a su casa, cuando estaba con su familia, se transformaba en un amoroso padre que buscaba protección y cariño, ese fue el más grande castigo, enviar a la muerte a su hijo y sentir el inmenso dolor que sentían sus víctimas, ese dolor que él había provocado a tantos. El victimario, se convertía en víctima.
Eran hombres insensibles, el padre de Bruno, al igual que Lt. Kotler, mostraban grandes trastornos psicológicos, este último, con un pasado familiar frustrante, avergonzado de su familia opositora, lo que en mi opinión es un claro motivo por el cual adquiere el insensato odio a las personas judías, que él ni siquiera llama personas, un hombre cruel e inhumano, el era para mí, en el momento en que veía la película, la representación de la crueldad de la guerra, el doble moralismo que se mantiene hasta nuestra sociedad, visto en la personalidad de este sujeto.
La película nos mostró lo más bello, y lo más horrible de la naturaleza humana, nos abrió los ojos frente a la ignorancia de los conflictos que están a nuestro alrededor, siempre he pensado que lo mejor viene al final, y creo que es tiempo de hablar de Shmuel, la representación de la humildad, de la bondad y de aquello que nos hace ser un poco más dignos de llevar el titulo de seres humanos, para mí, el momento más hermoso de la película, fue protagonizado por Shmuel, fue el instante donde el perdón pudo más que el odio, hasta ese momento, todo indicaba que el mal estaba ganando.
Después de que Bruno fuese el causante de la tremenda paliza proporcionada por Lt. Kotler a Shmuel, él, un pequeño de 8 años, decidió perdonar, perdonar el dolor, perdonar el ojo morado, y la sangre derramada, perdonar la deslealtad, perdonar el sufrimiento, Shmuel decidió darle otra oportunidad a Bruno. Sus ojos solo me mostraban la caridad del doliente, la bondad del que esta caído, la generosidad del que no tiene nada, y el consuelo del que han maltratado. Creo que todo se resume, a esa esperanza mostrada en Bruno y Shmuel buscando a su padre, esa inocencia de la ignorancia, la pregunta del porqué de la guerra, y el porqué del odio, todo, en dos niños, en dos de las almas más puras del mundo, buscando respuestas, investigando, luchando, jugando en una granja, explorando…
Solo queda en mi mente aquella macabra pero también hermosa imagen, una puerta, sabemos que detrás de ella, están las vidas perdidas de dos niños, de dos vidas inocentes, vemos, más adelante, las pijamas de los granjeros, colgadas, como si se hubiesen cambiado, como si se hubiesen puesto su ropa elegante, como si se hubiesen marchado al baile de la vida, donde todos son niños, donde todos son los mejores exploradores del mundo, porque a diferencia de los que quedamos acá, ellos, encontraron el bien en su peor enemigo.



1 Response to El niño con el pijama de rayas, la inocencia de la guerra
Nota del primer corte: 3.0
Aclaración: Hay publicaciones que no estaban para la fecha de revisión por tanto las nuevas no modifican la nota.
Recomendaciones:Citar fuentes.Son buenas tus opiniones pero estas descuidando otras partes importantes como el contexto histórico, necesitas ampliarlo.
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